Otras sexualidades posibles.

 



¿De cuántas formas puede ser la sexualidad en una pareja? ¿De cuántos colores?  A veces es la razón de estar juntos, o  una parte entre otras, o  algo que se anhela, o incluso una ausencia. Vínculos en donde la sexualidad es lo central y parece no haber nada más que esa intensidad. Vínculos en donde hay complicidad, risa, solidaridad, cariño, pero la sexualidad dejó de ser (o nunca fue) importante.

A cada vínculo le corresponde elegir el lugar que la sexualidad tendrá en su relación. También es cierto que ese lugar cambia con el tiempo, con los diferentes momentos de la vida, con el estado de la relación.

La sexualidad en general y la práctica sexual en particular tienen diferentes matices y tonalidades. La pasión arrebatadora es una, pero no la única. Los medios suelen mostrarnos esa forma como si fuera la única posible y entonces, cuando no la alcanzamos sentimos que no somos suficientes. Hay tonos intensos y tonos suaves, pasión y serenidad, animalidad y espiritualidad, fuego y ternura. Ninguno es mejor que otro, simplemente son diferentes. Un sabor picante que llena la boca no es mejor que un sabor sutil, una sinfonía poderosa no es mejor que un solo de violonchelo, podemos quedar absortos ante una selva indómita y ante el brote de una flor. Tampoco es fácil que todas esas posibilidades se despierten ante la misma persona. Nuestra práctica sexual puede ser intensa y emocionante como un parque de diversiones, puede ser oscura y peligrosa como un callejón a media noche, puede ser exótica y luminosa como una playa a medio día; pero también puede ser un lugar cálido y acogedor como nuestro hogar, ese lugar al que podemos volver siempre porque los sabemos nuestro, en donde nos quitamos los disfraces y podemos ser quienes somos, con nuestras carencias y nuestras heridas. Y eso último no es poco, al contrario, es también, y a su modo, bellísimo, solo que esa forma no es la que se nos vende como la deseable.

Las exigencias para tener una práctica sexual buena crecen sin parar. Ellas deben ser bellas (es decir, como el poder dice que deben ser), pues si no lo son tampoco serán merecedoras de deseo o de amor, deben expresar su deseo y excitación con estridencia histriónica, deben ser objetos que complazcan. Ellos deben ser infalibles, dominantes, querer sexo siempre, tener un pene grande, siempre erecto, que dure mucho sin eyacular. Ambos debemos ser acróbatas que se enredan de formas diversas y atletas que rompen marcas establecidas. El orgasmo es la meta final y debe ser múltiple en ellas y espectacular en ellos. Bien, todo divertido, pero ¿no se trata de una fantasía?

Cuando he preguntado a diferentes personas acerca de su mejor experiencia sexual, rara vez aparecen cuerpos perfectos en sus respuestas, rara vez aparecen records abatidos, rara vez aparecen jeroglíficos corporales. Las respuestas, muchas veces tienen que ver con la confianza, con la entrega mutua, con un momento de intimidad profunda. ¿Por qué nos empeñamos entonces en imitar aquellas experiencias llenas de falso brillo?

Buscando esas formas mentirosas y violentas es que acabamos creyendo que nuestra sexualidad es deficiente. ¿Y si pensáramos formas nuevas –nuestras- de encontrarnos sexualmente? De colores diferentes, de matices variados, de sabores múltiples. Sexualidad chile habanero, sexualidad agua fresca, sexualidad pay de manzana, sexualidad té de yerbabuena, sexualidad ópera, sexualidad rasgueo de guitarra, sexualidad huracán, sexualidad soplo de viento, sexualidad relámpago partiendo el cielo, sexualidad gota en la frente, sexualidad grito, sexualidad susurro, sexualidad cascada, sexualidad nido, sexualidad son veracruzano, sexualidad melodía triste, sexualidad fondo del mar, sexualidad hojita verde... Una sexualidad nuestra que se libere de falsas expectativas y exigencias absurdas. La sexualidad como forma de encontrarnos íntimamente con el otro o la otra. ¿Para qué? ¿Para alcanzar sensaciones poderosas? ¿Para saltar todos los límites? ¿Para llegar a eso inalcanzable que llaman éxtasis? No. Para encontrarnos, porque eso, cuando ocurre en realidad, en maravilloso, humano y transformador. En la persecución de la intensidad olvidamos el poder de la ternura, y la ternura es necesaria y nutritiva. Y es un remanso.

La sexualidad también puede ser otra cosa, el espacio-tiempo en donde los seres humanos nos mostramos a otro en toda la fragilidad de nuestra desnudez, con nuestra belleza herida, con nuestra historia en la piel; y así vamos al otro o a la otra, y así dejamos que el otro o la otra venga, y nos encontramos, nos olemos, nos saboreamos, nos penetramos, nos abrazamos, sabiendo lo pequeños que somos y lo hermosos que somos, y por un rato, al menos por un rato, nos vengamos de la muerte.  


Comentarios

  1. Que hermoso artículo! Es el encuentro sexual el que mayor variedad de matices nos ofrece y a la vez el que nos revela ante el otro la desnudes de su alma.

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  2. Yo estoy encontrándome con mi sexualidad y como se la muestro y la comparto con los otros, y válgame que a con cada uno se transforma y crea algo diverso 💜

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  3. Es increhible, así pienso mi sexualidad no desde hace mucho, y me alegra leerlo y encontrar palabras para describirla.

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  4. Simplemente muy cierto y muy bellamente descrito!! Gracias!!

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  5. Muy bello... Tus palabras tienen muchos niveles y resonancias. ¡Gracias!

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  6. TAN SANADOR Y NECESARIO!!! GRACIAS EN MI NOMBRE Y EL DE CADA UNX DE LAS PERSONAS A QUIENES LES HE COMPARTIDO.

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  7. Excelente. Es manera simple y maravillosa de llamar al sexualidad

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  8. Hermoso..cuanta verdad solo necesitamos encontrarnos con el otro desnudos de cuerpo y alma y fundir nuestros cuerpos.

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  9. Gracias gracias por compartir y expresar abiertamente lo que tanto sentimos y nos cuesta poner en palabras, nos cuesta soltar y nos cuesta expresar en nuestros ámbito sociales. Me encantó, amor,libertad y ternura.

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  10. La exquisitez de los encantos.Un mándala del amor.

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  11. me encanto toda la explicación, como nombras las diferentes sexualidades que de por si existen, pero negamos y reprimimos buscando esconderla en el estereotipo de la sexualidad que nos da el porno.

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