De vez en cuando la vida



"De vez en cuando la vida / toma conmigo café / y está tan bonita que/ da gusto verla/ se suelta el pelo y me invita / a salir con ella a escena", dice Serrat en una bellísima canción.

Y yo, asombrado de mí, tímidamente salgo al escenario y de inmediato quedo deslumbrado por la luz del reflector que me pega en plena cara. Pequeñas motas de polvo vuelan en la luz, como constelaciones diminutas. Contengo la respiración y me dejo mirar.

No es que no sepa qué decir o qué hacer. Sé, pero no así, no ante la luz. Lo mío ha sido estar en la orilla de la foto, medio oculto entre mis iguales, eterno amateur, actor secundario. No crean que es un gran teatro, no, es uno pequeño, quizá un circo de esos nómadas que van de un lado al otro, con su olor a palomitas de maíz y a mierda de elefante. 

¿Qué es lo que pasó que de pronto estoy aquí? ¿Por qué yo? le pregunto al Misterio. Mis amigos creen tener respuestas: "Hace veinte años haces esto, has tenido alumnos, escribiste un libro..." Sí, pero ¿y por qué no ocurrió a los quince años o a los diecinueve de hacer esto? ¿Por qué hoy que parece que el mundo no tiene pies ni cabeza? Y sobre todo ¿por qué yo, si hay tantos más que se esfuerzan e intentan y saben?

Quizá no hay respuesta ni sirve buscarla. Quizá lo que toca es salir a la lluvia y dejarse mojar (después de todo, que caigan gotas del cielo es un milagro cotidiano); dejarme mojar, digo y tratar de compartir la bendición, y agradecer.

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