Tiempo de zarpar

 




¿Cómo construimos esta especie de páramo, este desierto, esta “intemperie”, como le llama Josep Maria Esquirol? ¿De qué modo participo creándola o dejándola estar, acomodándome a ella? No quiero más de esto. No quiero mirar hacia otro lado y alzar los hombros. No quiero resignarme. “Cuando alguien con voz rendida piensa que ‘así son las cosas’ –dice Carlos Skliar- toda redondez se vuelve terco cuadrado, la lluvia fina se hace torrencial, los senderos se tornan fronteras y la ternura demora demasiado en regresar”.

Así que hago lo que puedo hacer, lo que sé hacer, que es poner mi palabra y tratar de conversar contigo que estás al otro lado de la página. 

¿Qué sucede con la sexualidad en este inicio del siglo XXI? ¿Cómo se transforma? ¿Hacia dónde se mueve? ¿Qué tipo de educación sexual hay que crear para atravesar por estos cambios? ¿Qué ética se vuelve urgente para que la sexualidad amplíe las posibilidades de lo humano en lugar de limitarlas?

Sería absurdo suponer que tengo respuesta a estas preguntas ¿Quién podría tenerlas? 

La sexualidad es una fuerza vital y creativa que intenta escapar a toda estructura fija, que se rebela y transgrede y se reinventa. La sexualidad humana, en palabras de Jeffrey Weeks, es un invento, nuestra creación, también nuestro reflejo como sociedad, un reflejo especialmente despiadado de lo que hacemos unos con otros, de nuestro modo de vincularnos.

El riesgo está, creo, en mirar estos cambios y escandalizarnos, rasgarnos las vestiduras y pensar que nos ha alcanzado la barbarie y que las cosas deberían ser  como fueron antes, es decir, caer en esa rancia nostalgia por un pasado supuestamente mejor que ya no es posible.

Me interesa la mirada que propone el escritor Alessandro Baricco acerca de eso que llamamos La Barbarie (Baricco 2009). ¿Quiénes son esos supuestos bárbaros que con su novedad van a acabar con todo lo que creemos bueno y civilizado?

La sexualidad cambia, inevitablemente, como cambiamos nosotros. No hay transformación humana, ya sea avance o retroceso, que no la alcance. Algunos vemos esos cambios con preocupación, otros con asombro, otros con profunda confusión. ¿Hasta dónde llegaremos?, pensamos. ¿No será que estos cambios acabarán por destruirnos?

Lo curioso es que cada generación se ha hecho estas preguntas ante las transformaciones que suceden. Cada generación ha concluido que dichos cambios nos llevarán al abismo. Cada generación se ha asumido como civilizada y ha supuesto que esas formas nuevas que surgen son la barbarie. Baricco nos invita a pensar en esta supuesta barbarie desde otro lugar; quizá necesitamos de los bárbaros para sentirnos civilizados, para reafirmar nuestras creencias y cerrarnos al cambio. Necesitamos a los bárbaros para confirmarnos y no movernos. No es verdad que todo se vendrá abajo como queremos creer, sino que se transformará y surgirá otra cosa, algo nuevo que nos perturba porque aún es desconocido. Desde el lugar donde estamos es fácil descalificarlo: si eso que surge no es lo que conocemos entonces es la barbarie, la decadencia. Nuestros abuelos se escandalizaron de nuestros padres de la misma forma que nuestros padres se escandalizaron de nosotros. Empezamos a escandalizarnos de nuestros hijos. ¿Qué haríamos sin ello? 

La sexualidad humana está cambiando, nos guste o no. Podemos darnos golpes de pecho y escandalizarnos, igual seguirá cambiando. Ya no es como era. No podría serlo. Y algo aún más inquietante: no podemos detenerla. Es como si hubiéramos vivido en un mundo ya conocido y no quedara más remedio que abandonarlo para ir a un nuevo mundo. Quizá algunos queramos quedarnos en el mundo anterior, al fin y al cabo es el que conocemos. Pero no hay opción: ese mundo conocido está por desaparecer, no preguntarán nuestra opinión, no hay modo de volver atrás. El mundo nuevo se avecina y será el único donde podamos habitar. Es hora de hacer las maletas. Y es en esto donde hay algo esencial que decidir. Si bien no podemos elegir si irnos o quedarnos (la única opción es irnos), sí podemos elegir qué llevar en nuestro equipaje. No es un gran equipaje: debemos poder cargarlo, debe ser transportable, así que hay que elegir con cuidado. No queda más remedio que abandonar este mundo para ir al otro, entonces nos toca elegir qué de este mundo es suficientemente valioso y digno y bello para llevarlo con nosotros a ese mundo nuevo que empieza a vislumbrarse. Yo preparo mi equipaje, hago lugar en mi mochila. Es tiempo de zarpar. ¿Qué debo llevar a ese mundo nuevo para poder ser quien quiero ser?


Comentarios

Entradas populares de este blog

Otras sexualidades posibles.

PASTILLITA AZUL

Cuerpos insumisos