Aprender que ésto, todo esto que vivimos, no es una nada, no es una pausa ni un paréntesis que suspende la vida por un tiempo. Aprender que esto también es la vida.
Cuando era niña, Mónica, mi pareja, coleccionaba pastillas (también podemos llamarlas píldoras). Algo le atraía de su pequeñez, de su perfección diminuta, de su variedad. Las blancas eran las más comunes y, por lo mismo, las menos interesantes. Atesoraba especialmente las que destacaban por su color llamativo o por su forma. Qué suerte encontrar una pastillita azul o roja o verde, una muy pequeña o una enorme, alguna de forma rara. Qué extraña magia la de las pastillas. Nos hemos acostumbrado a ellas y quizá hemos dejado de asombrarnos, pero sin duda, en cada una, se concentran siglos de investigación y de ciencias entrelazadas. Trago unos miligramos de cierta sustancia convertidos en pastillita y los brutales martillazos de la migraña van disminuyendo hasta desaparecer. Alivio, paz, agradecimiento. Tomo otra píldora y se regula el tránsito intestinal. Trago aquella otra y el evasivo sueño vuelve, mis ojos se cierran y llega el misericordioso olvido. Eso sucede con otros...
Mi hija practica en el piano una melodía que conozco desde hace años: The Enterteiner, de Marvin Hamlisch. Quizá ese título no te diga mucho, pero sin duda las has escuchado. Es más conocida como la música de El Golpe , la película de 1973 dirigida por George Roy Hill. Es de esas melodías que todos conocemos, todos hemos escuchado aunque no sepamos muy bien de dónde vienen. ¿Cómo es que una serie de notas se quedan en nuestra memoria, a resguardo del tiempo, como un aroma de esos que nos llegan desde la infancia? Sonidos, vibraciones que se mueven por el aire hasta alcanzar el tímpano. ¿De dónde viene su magia? Mientras ella toca, yo puedo adelantarme, con la memoria, a las notas que siguen. Hay melodías que se nos quedan pegadas como chicle en el zapato o como un amor no correspondido y nos persiguen, tercas, obstinadas, durante días, sin poder sacárnoslas de la cabeza, nos descubrimos tarareándolas o silbándolas en el momento menos esperado. Cuando, tú, hija, eras muy pequ...
¿De cuántas formas puede ser la sexualidad en una pareja? ¿De cuántos colores? A veces es la razón de estar juntos, o una parte entre otras, o algo que se anhela, o incluso una ausencia. Vínculos en donde la sexualidad es lo central y parece no haber nada más que esa intensidad. Vínculos en donde hay complicidad, risa, solidaridad, cariño, pero la sexualidad dejó de ser (o nunca fue) importante. A cada vínculo le corresponde elegir el lugar que la sexualidad tendrá en su relación. También es cierto que ese lugar cambia con el tiempo, con los diferentes momentos de la vida, con el estado de la relación. La sexualidad en general y la práctica sexual en particular tienen diferentes matices y tonalidades. La pasión arrebatadora es una, pero no la única. Los medios suelen mostrarnos esa forma como si fuera la única posible y entonces, cuando no la alcanzamos sentimos que no somos suficientes. Hay tonos intensos y tonos suaves, pasión y serenidad, animalidad...
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