Aprender que ésto, todo esto que vivimos, no es una nada, no es una pausa ni un paréntesis que suspende la vida por un tiempo. Aprender que esto también es la vida.
¿De cuántas formas puede ser la sexualidad en una pareja? ¿De cuántos colores? A veces es la razón de estar juntos, o una parte entre otras, o algo que se anhela, o incluso una ausencia. Vínculos en donde la sexualidad es lo central y parece no haber nada más que esa intensidad. Vínculos en donde hay complicidad, risa, solidaridad, cariño, pero la sexualidad dejó de ser (o nunca fue) importante. A cada vínculo le corresponde elegir el lugar que la sexualidad tendrá en su relación. También es cierto que ese lugar cambia con el tiempo, con los diferentes momentos de la vida, con el estado de la relación. La sexualidad en general y la práctica sexual en particular tienen diferentes matices y tonalidades. La pasión arrebatadora es una, pero no la única. Los medios suelen mostrarnos esa forma como si fuera la única posible y entonces, cuando no la alcanzamos sentimos que no somos suficientes. Hay tonos intensos y tonos suaves, pasión y serenidad, animalidad...
Cuando era niña, Mónica, mi pareja, coleccionaba pastillas (también podemos llamarlas píldoras). Algo le atraía de su pequeñez, de su perfección diminuta, de su variedad. Las blancas eran las más comunes y, por lo mismo, las menos interesantes. Atesoraba especialmente las que destacaban por su color llamativo o por su forma. Qué suerte encontrar una pastillita azul o roja o verde, una muy pequeña o una enorme, alguna de forma rara. Qué extraña magia la de las pastillas. Nos hemos acostumbrado a ellas y quizá hemos dejado de asombrarnos, pero sin duda, en cada una, se concentran siglos de investigación y de ciencias entrelazadas. Trago unos miligramos de cierta sustancia convertidos en pastillita y los brutales martillazos de la migraña van disminuyendo hasta desaparecer. Alivio, paz, agradecimiento. Tomo otra píldora y se regula el tránsito intestinal. Trago aquella otra y el evasivo sueño vuelve, mis ojos se cierran y llega el misericordioso olvido. Eso sucede con otros...
Quizá es necesario recuperar el derecho a ser los cuerpos que somos, tal y como somos, grandes o pequeños, gordos o flacos, con sus capacidades y discapacidades, con sus historias que inevitablemente dejan marcas, cicatrices, huellas. Quizá es necesario derrumbar a golpe de cuerpos reales la exigencia absurda de ser ese cuerpo hegemónico, discriminador e inalcanzable que se nos impone. Quizá es necesario redescubrirnos bellos, cuestionando que exista una sola forma de belleza, comprendiendo que la belleza no es sino una particular relación entre quien observa y lo observado, una relación que se abre al asombro, la compasión y la ternura. Me gusta la invitación de Lucrecia Masson a revelarnos, a encontrar nuevas formas de ser cuerpos, formas indómitas y disidentes, a volvernos “Visibles, desobedientes, disidentes de la norma que nos impone una sociedad que estandariza y controla cuerpos y dese...
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